domingo, 21 de noviembre de 2010

Alumnos que viajan para estudiar

¿Condicionamiento o no?

  Si partimos de la base de que todos los alumnos tienen o deberían tener objetivos comunes, podemos observar, de la misma manera, que las acciones cotidianas son o serán distintas. Dentro de esa línea de vivencias diferentes están los estudiantes que viajan para estudiar. A su vez, dentro de ese amplio grupo hay quienes tienen realidades diferentes y resulta innegable que esto esta directamente relacionado con una variable bien definida: la distancia.
Entonces en un análisis general y seguramente incompleto podemos ver que los alumnos tienen distintos condicionamientos según su entorno y distancia. Hay chicos que pertenecen a zonas urbanas y rurales y otros provienen de lugares inhóspitos. Los primeros están condicionados por los horarios de los transportes y el factor económico, entre otros; los segundos, en algunos casos, dependen de su propio organismo como medio de traslado y en estos casos las distancias son relativas si tienen que caminar. Lo normal seria que también ellos tuvieran transporte.
Regresando al tema mencionado al comienzo que son los objetivos comunes, debemos creer que son inalterables aunque la carga sea mayor pero eso dependerá de las actitudes de cada estudiante, motivado de acuerdo a valores propios o sugeridos. Entonces nos encontramos en posición de decir, que el logro de un objetivo común, como es la formación, será de un mayor estimuló si el sacrificio fue importante. Otro aspecto es el afianzamiento de hábitos diarios que se incorporarán como normales. Tendríamos que creer que algún tipo de frustración de los objetivos será por otras causas y no las distancias y los movimientos diarios, pero entonces ¿podemos pensar como sociedad que podríamos mejorar las contingencias frente a esta relativa desigualdad?
Debemos  defender la idea de que cada alumno, independientemente de  la distancias, el transporte y su economía, tiene el afán de progreso, de buscar mas allá de los obstáculos, su propia superación, esto es a lo que me refiero cuando hablo de valores propios y no aquellos que nos sugieren desde que somos pequeños, si no de los valores que forjamos autónomamente con el tiempo y la madurez que lo acompaña.
Como alumnos tenemos la enorme riqueza de materializar la idea de que la educación no pasa solo por una obligación, si no también en la esperanza de un futuro, talvez incierto pero seguramente mejor, porque el fruto de lo que hacemos es la tranquilidad por el esfuerzo y el deber, el sosiego de haber cumplido con nuestros padres y nosotros mismos, y el placer de transmitir a nuestras futuras generación la sabiduría que hoy con poco o mucho merito logramos.


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