lunes, 22 de noviembre de 2010

INSTITUTO "NUESTRA SEÑORA DEL HUERTO": UNIÓN Y ESFUERZO CONSUMADO. Por Mélani Pettina y Fernando Puchol

Cuenta la leyenda que por 1964 hubo una mujer deseosa de evocar a las niñas a la educación, de desterrar el concepto  “mujer” manipulado y destruido por el hombre de los tiempos. Para entonces esta mujer , Celia Bustos de Quiroga, a la que por el contexto se referían como  “doña”, tomó la decisión de donar una hectárea de sus tierras con el fin de que en ellas fuese construido un colegio para niñas, dirigido por una congregación religiosa.
Familias, vecinos, amigos, padres, madres y madres solteras, todos demostraron gran entusiasmo; pero no un entusiasmo predeterminado. No, era  un entusiasmo espontáneo, anhelo de cumplir su propósito, podría decirse que por medio de una labor comunitaria. Sí, entusiasmo de pueblo, entusiasmo que denota voluntad sin lucro o satisfacción individual a cambio, era un entusiasmo denodado,  algo que sin haberlo presenciado se puede sentir, se puede percibir. Cuando los personajes de este hecho aluden a ello, nosotros, los que verdaderamente asistimos con fe y vocación a la institución, a su infraestructura, a su religión, a sus creencias, a sus convocaciones o al simple hecho de recordar el paso por ella, lo asimilamos y respondemos como si también hubiésemos vivido tales acontecimientos. Esto, estimados lectores, es amor sin factura, sin reconocimiento alguno; algo que a muchos de los argentinos, o bien a los pobladores  del mundo entero, nos hace falta practicar no sólo en las grandes cosas, sino también en pequeñas cosas que suelen parecer insignificantes en la vida ordinaria. Muchos de estos personajes - de los cuales algunos ya han fallecido o se han alejado de la institución por motivos de salud, entre otros- dieron todo de ellos por un futuro que no conocían, ni conocen…ese futuro es nuestro presente y son las acciones enorgullecedoras, apasionadas, con sentido de pertenencia a lo verdadero y a la pureza con que esta institución fue edificad: colaboración y esfuerzo del pueblo. ¿Por qué debemos reconocer al pueblo? Porque él fue el creador de nuestro colegio; porque sin él no existiría el alumnado y los graduados huertanos del pueblo de Eugenio Bustos. El colegio no existiría y tal vez muchos de los que por sus pasillos hemos transcurrido parte de nuestras vidas no seriamos iguales. Por ejemplo: imaginemos un niño que va a un colegio estatal (al decir esto nuestra intención no es manifestar crítica alguna, es una simple comparación para lograr una mejor interpretación de lo que deseamos hacer hincapié) este niño no es acreedor de la esencia íntegra, es decir que no cuenta con una formación en valores espirituales característicos de instituciones religiosas. Además las visiones objetivas tanto como las subjetivas o posturas ideológicas desarrolladas, tal vez no fueran las mismas, ya que el colegio es influenciador, al igual que el aprendizaje, por ensayo, error e imitación, haciendo referencia a las prácticas educativas que se llevan a cabo entre las relaciones de los alumnos, docentes y conocimiento que colaboran en la formación integral del educando, y el aprendizaje por comprensión. En lo personal consideramos que éste tipo de formación “integral” impone mayor autonomía a la institución y mayor flexibilidad en el desarrollo de estrategias educativas.
Otro cuestionamiento que para nosotros aún no posee respuesta es si en este mundo diverso todavía se presencian este tipo  de colaboraciones… creemos que en esto hay que ser  esperanzados y pensar que si, tal como sucedió en marzo de 1965, cuando la mencionada  donante, Celia Bustos, hizo reformar una casa de su propiedad para el funcionamiento del colegio, así pues puede ser posible que en estos tiempos de superficialidad, falsa solidaridad y desidia, algunos hombres y mujeres tengamos aún el corazón puro y el alma abierta para ayudar “con el corazón” y por simple convicción; y no por la “exposición y la fama que ello genera.
Pero retomemos la historia y naveguemos por lo que fueron los comienzos del Instituto Nuestra Señora del Huerto en Eugenio Bustos… Dijimos que  Celia Bustos donó una casa antes de la edificación del nuevo colegio - situada en la calle San Juan  Bosco 53- haciendo construir en una parte del patio y dos aulas con todas las condiciones exigidas para recibir alumnas y ser habitada por las religiosas. Llegada la fecha del 16 de marzo del mismo año se dio inicio a las clases, contando con el jardín de infantes y dos grados: primero inferior y primero superior. Además las alumnas asistían a clases de piano y labores. Hasta que en 1966 se recibió la trágica noticia, específicamente el 8 de octubre: el pueblo vivía dolorosas expectativas, viendo que toda su construcción se desmoronaba de a poco. Las portadoras de este anhelo se dirigieron al señor Numerio Apostólico, al arzobispo de Mendoza, a la Roma (madre general), a la muy Rda. Madre Policial y otras autoridades con el objeto de que comprendiesen, analizasen y sintiesen verdadera compasión ante las súplicas de sus prójimos. También aprovecharon, junto a los padres, el festejo del día de la madre para sumar voluntades consiguiendo así las buenas noticias: la bendición del monseñor Maresma, que venía en nombre del Nuncio Apostólico, diciendo “suspendan el retiro, hermanas” y luego afirmó: “las hijas de María han sido instituidas principalmente para que presten servicio y dirijan aquellas instituciones  en aquellos lugares donde no puede tenerse el socorro de otros”.
La construcción del edificio para el colegio comenzó en 1967 y se llevó a cabo con mucho esfuerzo y costosos sacrificios, por ello queremos hacer un homenaje reconociendo a las siguientes entidades que participaron en esta hazaña:
  • La comisión de padres de familia, que realizó constantes colaboraciones por medio de rifas, almuerzos, feria de platos, fiestas, etc. De esta forma en 1970 se terminaría con la primera parte de la construcción, que comprendía cinco aulas, sanitarios completos, y una galería. El próximo año funcionaria el primer año del ciclo Básico.
  • El señor Manuel Sevilla y Sra. donaron $100.000
  • El señor Emilio manso $50.000
  • El señor Luis Tubert  $30.000
  • La señora Irma de castillo colaboró con mercadería de almacén verduras y frutas en forma constante.
  • El señor Antonio Abrahán que proveía soda y bebidas como gaseosas
El reconocimiento es extensivo a todas las familias que aportaron con lo que estaba a su alcance.
Quien merece mención especial es señor Raúl Abrahán por sus donaciones, muchas veces realizadas con grandes sacrificios que no le eran correspondidos,  quien puso a disposición del colegio un transporte para que cargaran ripio, arena, ladrillos y materiales de construcción desde Mendoza , San Rafael y otros lugares distantes de Eugenio Bustos.
También merece mención especial el Batallón de Ingeniería 141- actual Batallón de Ingenieros de Montaña VIII-  de Campos Los Andes, que en varias ocasiones brindó camiones y soldados para el transporte de materiales.
Las instituciones huertanas cuentan actualmente en ciertas localidades con sitios web en todo el país para la ayuda, contención e información de quien lo necesite, siendo porque “las de María del Huerto, olvidan el propio interés y la comodidad de ellas mismas; atentas a las necesidades o carencias que se ostenten, con servicio que no conoce otro límite que la imposibilidad”. Nuestro colegio nos otorga una educación sistematizada con orientación humanística y ciencias sociales, bajo los preceptos espirituales de la religión Católica Apostólica Romana; igual que la pastoral y otras actividades extraescolares. Las instalaciones cuentan, hoy en día, con nueve aulas en funcionamiento, dirección, preceptoría, baños recientemente renovados,  un modesto laboratorio, espacios verdes, una sala de juegos para los alumnos más pequeños, y con el hogar de las hermanas. Este año se inauguró,  a pedido y organización de los alumnos de 3° del polimodal,  el centro de estudiantes como herramienta que suple las necesidades e incertidumbres de los alumnos y ejecuta oportunidades o propone  mejoras, entre otras actividades.
Las hijas de María Santísima del Huerto fueron fundadas por San Antonio María Gianelli, con un carisma que se expresa en la “caridad evangélica vigilante”, y nosotros hoy decimos que el “Instituto Nuestra Señora del Huerto- 086-PS” fue fundado por el amor y el esfuerzo tanto de Gianelli,  como de sus seguidores, como lo son las religiosas huertanas y como lo fue el pueblo sancarlino. Este sueño que comenzó hace 178 años, en el corazón de San Antonio María Gianelli y que se vuelca como nuestra herencia, la herencia de todos los alumnos y ex alumnos, e incluso de algunos docentes y trabadores que transitan o transitaron por el colegio. La mayoría de nosotros hemos absorbido parte de la esencia delo que  Gianelli nos quería inculcar: estudio (haciendo énfasis en la  voluntad con que uno lo realiza), caridad y amor; sobre todo amor.
Quisiéramos que luego de leer estas páginas se preguntasen si son capaces de desperdiciar tan gran herencia? Pregúntenselo como alumnos, como ex alumnos, como argentinos, como católicos, evangélicos, judíos o ateos; como totalmente ajenos a la institución, como padres y madres de los alumnos, como tutores de ellos, como docentes, celadores o preceptores de ella; pregúntenselos como seres humanos. ¿Acaso no nos falta un poco de valor para negar y admitir?, ¿acaso no nos hace falta un poco de caridad para con quien lo necesita,  para quien necesita del perdón y la limpieza integral?;  o ¿acaso nosotros nunca  necesitamos recurrir a ella?, ¿acaso no nos hace falta un poco de amor al prójimo y un poco de amor para la práctica de esa caridad que debería ser innata? ¿No fue acaso innata la colaboración del pueblo al ofrecer tanta ayuda? Aún siendo ellos mismos perjudicados en alguna ocasión pues ofrecieron lo que tenían y aun así lo no poseían, no se negaron a brindar su ayuda.
Estimados lectores más que un relato o texto informativo, esto pretende ser un llamado a la razón… a la sabiduría de la razón. 

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